Las várices pueden comenzar como venas visibles, pero para muchas personas el problema va más allá de lo estético: pesadez, dolor, hinchazón o calambres al final del día pueden afectar el trabajo, el descanso y la movilidad. Esta guía de cirugía de várices explica cuándo puede recomendarse un procedimiento, cuáles son las alternativas disponibles y cómo prepararse para una recuperación segura.
La decisión no se toma solo mirando las piernas. Una evaluación con cirujano vascular permite conocer el origen de las venas dilatadas, revisar la circulación y definir si el tratamiento indicado es médico, ambulatorio o quirúrgico. Cada caso requiere una indicación individual.
¿Cuándo se indica la cirugía de várices?
Las várices aparecen cuando las válvulas que ayudan a que la sangre retorne desde las piernas hacia el corazón no funcionan adecuadamente. Esto puede generar acumulación de sangre en ciertas venas, haciendo que se dilaten y se vuelvan visibles o provoquen molestias.
No todas las várices requieren cirugía. En etapas iniciales, el especialista puede indicar medidas como actividad física regular, control de peso cuando corresponda, evitar estar muchas horas de pie o sentado sin moverse y uso de medias de compresión. Sin embargo, estas medidas no eliminan las venas ya afectadas y, en algunos pacientes, pueden no ser suficientes para controlar los síntomas.
La cirugía o un procedimiento para tratar várices puede considerarse si existe dolor, pesadez persistente, edema o hinchazón, picazón, cambios de coloración en la piel, inflamación de venas superficiales o lesiones que dificultan la cicatrización. También puede evaluarse cuando el problema tiene un impacto relevante en la calidad de vida o existe una razón estética tras una valoración médica adecuada.
Los síntomas no siempre se relacionan de forma directa con el tamaño de la várice. Una vena pequeña puede generar molestias y una más visible puede no producir dolor. Por eso, consultar a tiempo evita elegir tratamientos basados solo en fotografías, recomendaciones de conocidos o soluciones que no abordan la causa venosa.
Guía de cirugía de várices: evaluación antes del procedimiento
El primer paso es una consulta de cirugía vascular. El especialista revisa los síntomas, antecedentes personales y familiares, medicamentos de uso habitual, embarazos previos, cirugías y enfermedades asociadas. También realiza un examen físico de las piernas.
En muchos casos se solicita un ecodoppler venoso. Este examen utiliza ultrasonido para observar el flujo de sangre y evaluar el funcionamiento de las venas y sus válvulas. Es indoloro, no usa radiación y aporta información clave para planificar el tratamiento más apropiado.
Esta evaluación permite diferenciar várices superficiales de problemas que pueden comprometer venas más profundas, además de descartar o pesquisar situaciones que requieren un manejo distinto. Es especialmente recomendable consultar con prioridad si aparece hinchazón repentina de una pierna, dolor intenso, calor localizado, enrojecimiento marcado o falta de aire. Estas manifestaciones necesitan evaluación médica oportuna.
Antes de un procedimiento, el equipo médico indicará si se requieren exámenes preoperatorios y entregará instrucciones sobre alimentación, medicamentos y acompañamiento el día de la atención. No suspenda anticoagulantes, aspirina ni otros fármacos por cuenta propia: cualquier ajuste debe ser indicado por el profesional tratante.
Técnicas para tratar las várices
La palabra cirugía puede referirse a diferentes procedimientos. La alternativa depende del calibre y ubicación de las venas, la presencia de insuficiencia venosa, los resultados del ecodoppler, los síntomas y las condiciones generales de salud de cada paciente.
Escleroterapia
La escleroterapia consiste en inyectar una sustancia que irrita controladamente la pared de una vena para favorecer su cierre. Se utiliza con mayor frecuencia en arañitas vasculares y várices pequeñas. En algunas situaciones se realiza guiada por ecografía para tratar venas de mayor tamaño.
Es un procedimiento ambulatorio y suele permitir retomar actividades cotidianas rápidamente, aunque puede requerir más de una sesión. Tras el tratamiento pueden aparecer moretones, sensibilidad local o cambios transitorios en el color de la piel. El especialista explicará las expectativas realistas y los cuidados posteriores.
Tratamientos endovenosos
Las técnicas endovenosas buscan cerrar desde el interior una vena que presenta reflujo. Para ello se emplea un catéter delgado y energía térmica, como láser o radiofrecuencia, bajo guía ecográfica. Al dejar de circular sangre por esa vena enferma, el flujo se redistribuye hacia venas sanas.
Estos procedimientos suelen realizarse de forma ambulatoria y con anestesia local, según la indicación. Ofrecen una recuperación habitualmente más rápida que algunas cirugías convencionales, pero no son adecuados para todos los casos. La anatomía venosa y el diagnóstico definen si esta opción es conveniente.
Flebectomía ambulatoria y cirugía convencional
La flebectomía permite retirar segmentos de várices superficiales mediante pequeñas incisiones. Puede complementarse con otros tratamientos cuando existen venas prominentes que requieren extracción.
En casos seleccionados, puede recomendarse cirugía convencional para tratar venas de mayor compromiso. El tipo de anestesia, la duración y los cuidados dependen de la técnica planificada. El objetivo no es elegir el procedimiento más conocido, sino el que responda mejor al origen del problema venoso y a las necesidades del paciente.
Cómo prepararse para una cirugía de várices
Llegar bien informado ayuda a vivir el proceso con más tranquilidad. Durante la consulta, comente si fuma, si tiene diabetes, hipertensión, alergias, antecedentes de trombosis o si está embarazada o en período de lactancia. Estos antecedentes pueden modificar la planificación o el momento adecuado para realizar un procedimiento.
El día de la atención, use ropa cómoda y holgada. Si se indicaron medias de compresión, llévelas según las instrucciones recibidas. También es recomendable coordinar el regreso a casa si se utilizará sedación o si el equipo médico lo considera necesario.
Tener dudas es normal. Pregunte qué técnica se realizará, qué tipo de anestesia se utilizará, cuánto tiempo tomará, cuándo podrá caminar, qué molestias son esperables y qué señales requieren contactar al centro médico. Conocer estos puntos permite organizar el reposo, el trabajo y el apoyo en el hogar de manera realista.
Recuperación después de tratar las várices
La recuperación varía según el procedimiento y la extensión del tratamiento. En muchas intervenciones ambulatorias, caminar temprano forma parte de las recomendaciones para favorecer la circulación. No obstante, la intensidad de la actividad, el tiempo de reposo y el uso de compresión deben seguir exactamente la indicación del cirujano vascular.
Es frecuente presentar sensibilidad, tirantez, pequeños hematomas o molestias en las zonas tratadas durante los primeros días. El equipo puede indicar analgésicos y controles para revisar la evolución. Evite automedicarse, especialmente con medicamentos que puedan aumentar el riesgo de sangrado.
También puede ser necesario limitar temporalmente ejercicios de alto impacto, cargas pesadas, baños muy calientes o exposición solar directa sobre moretones e incisiones. Los plazos cambian entre pacientes y técnicas, por lo que no conviene comparar su recuperación con la de otra persona.
Consulte sin demora si presenta sangrado que no cede, dolor intenso que aumenta, fiebre, secreción de una herida, hinchazón importante o dificultad respiratoria. Aunque estas situaciones no son lo habitual, requieren valoración clínica oportuna.
Resultados y cuidados a largo plazo
El tratamiento puede aliviar síntomas y mejorar el aspecto de las venas tratadas, pero la insuficiencia venosa tiene componentes personales, familiares y relacionados con hábitos de vida. Con el tiempo pueden aparecer nuevas várices en otros trayectos venosos, incluso si el procedimiento inicial tuvo una buena evolución.
Mantener actividad física adaptada a sus posibilidades, evitar períodos prolongados de inmovilidad, cuidar el peso y asistir a controles cuando se indiquen ayuda a proteger la salud venosa. Durante viajes largos o jornadas laborales extensas, levantarse, caminar algunos minutos y mover los tobillos puede favorecer la circulación.
En Clínica Merced, la evaluación por cirugía vascular permite orientar el estudio y las alternativas de manejo con atención especializada en Providencia, Santiago. Para pacientes que viajan desde otras ciudades de Chile, una consulta planificada ayuda a organizar exámenes, tratamiento y controles según cada necesidad.
Si sus piernas terminan el día con dolor, pesadez o hinchazón, no es necesario normalizar esas molestias. Una consulta oportuna puede aclarar la causa y permitirle tomar una decisión informada, segura y acorde con su salud.
